EN EL INTERIOR DE LA GRAN PIRÁMIDE

 

Si quieres acercarte a las Pirámides, mi consejo es que no lo hagas de cualquier manera, y con ello no me refiero a tu modo de llegar o la vestimenta que lleves, me refiero a que no te aproximes con tu estado ordinario de consciencia, como cuando vas a realizar cualquier acto cotidiano. Vigila tu estado interior, pues antaño solo los llamados tenían acceso al recinto interior de los templos y la Gran Pirámide, lo es. Comprende que pirámide en egipcio es “mer” que significa lugar de ascensión….lugar donde la consciencia es ascendida pero sólo, si uno está preparado para ello. La vivencia de la Gran Pirámide, como de cualquier otra cosa en la vida es la suma del estimulo externo y la propia receptividad, es decir de la actitud y del grado de consciencia despierta que uno sostiene durante la percepción del estimulo. Si tu mente se mantiene en su parloteo habitual, la experiencia vivida no recaerá mas allá de los centros mecánicos y dormidos de la mente con sus redes neuronales habituales y nada nuevo sera aprehendido.

Cuando llegue el día, compórtate con naturalidad, pero alberga una actitud interior de agradecimiento, humildad y alegría mientras te aproximas al misterio. No es difícil albergar este estado ante la presencia imponente de la estructura. Recuerda el propósito de permanecer despierto y abierto a lo que es, sin expectativas ni fantasías. Tendrás que hacer un pequeño esfuerzo, especialmente si hay mucha gente visitando la Pirámide, para no dejarte llevar por el ruido mental y la energía emocional propia de los grupos humanos y de los turistas habituales.

Lentamente subes por el camino trazado en los bloques para acceder al interior de la Gran Pirámide a través de una entrada artificial, pues la auténtica, un poco más arriba, permanece sellada. No te dejes llevar por la emoción y mantén la energía en tu interior para que la mente permanezca silenciosa y la consciencia despierta. Es fácil que la dirección de la energía se exteriorice secuestrada por las emociones y la excitación del momento, y que la atención sea llevada a la personalidad externa. Sin energía y atención no es posible una percepción y un conocimiento nuevo de las cosas…y así perderás la oportunidad de sentir la Gran Pirámide; cambiarás la experiencia de una estructura que vive y respira por la de un montón de piedras inertes.

Una vez en la entrada te encuentras a punto de emprender un recorrido físico que simboliza el reencuentro interior. No todas las partes de la Pirámide se visitan, pero lo fundamental sí. La pendiente y estrechez del “pequeño corredor” simboliza muchas cosas…una de ellas es que puedes sentir la presión y el agobio de semejante espacio, especialmente si hay gente, experiencia que no representa mas que la angustia propia de la estrechez de miras de tu personalidad. Pero este pequeño corredor, donde no es posible caminar erguido, en otro contexto simboliza que tendrás que achicar, no sin esfuerzo ni pesar, tu personalidad, si quieres acceder a un nuevo espacio interior.

Si el trabajo se hace bien, tras cierto tiempo los condicionamientos de la mente y el ego se aflojan y uno accede a vislumbrar el inicio de la vida interior, simbolizada en el “Gran Corredor”. Ante los ojos se abre un inmenso pasadizo ascendente, de techos altos, nada que ver con el angosto pasadizo anterior. El aire cambia y uno se desplaza mas cómodamente admirando la majestuosidad de la estructura. Cuando la consciencia empieza a impregnar la personalidad, la vida fluye con mas armonía y menos dolor y se corre el riesgo de entretenerse demasiado en la zona de confort que cierto nivel de consciencia proporciona…la personalidad ya no tan condicionada se encuentra satisfecha y no es infrecuente acomodarse aquí, pues el sufrimiento no constituye, al menos momentáneamente, suficiente acicate para la continuidad en el camino.

Si la consciencia brilla con intensidad y hay fuerza y determinación en tu propósito, la ascensión por el Gran Corredor continua hasta llegar a la antesala de la Cámara del Rey. Es curioso que después de lo andado y ascendido por el interior de la Pirámide, ésta nos presente un último obstáculo justo a la entrada del recinto sagrado. Patanjali en sus Yogasutras, expone que cuando los kleshas, las fuentes de dolor y sufrimiento, como son el ego, la pasión, la aversión y el apego, se encuentran muy reducidas por el trabajo y la disciplina de la meditación, aún queda una última cosa que hacer, pues si no se hace, éstos, los kleshas, pueden volver a fructificar. Si la semilla no es tostada, siempre podrá germinar de nuevo. Pues bien, encontrarme con este impedimento justo a la entrada me trajo a la memoria el trabajo sutil y definitivo que aún queda por realizar. No es posible penetrar en la sala del Rey, si queda algún atisbo del ego. Éste no puede penetrar erguido y orgulloso de haber llegado hasta allí. La entrada exige no solo que agaches la cabeza, sino que todo tu espinazo se doble si quieres entrar en la Cámara Interior. 

La experiencia en la Cámara Interior, como no podía ser de otra manera es intensa, impactante. Tras el ruido eventual de algunos turistas, todo está impregnado de un silencio palpable y vivo, de una energía potencial, de una presencia que impone respeto. Toda la sala está vacía, salvo un pequeño sarcófago, también de piedra y vacío, en un extremo de la misma. Si es posible, siéntate, apoya levemente tu columna vertebral en la piedra de los bloques perfectamente tallados y ensamblados, cierra los ojos, sumérgete en tu presencia y escucha el lenguaje de la Pirámide que llega a ti desde los albores de otra Humanidad. El mensaje que te trasmita, solo tu puedes escucharlo.   

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