¿Es COVID-19 el verdadero problema?. Parte 3

 

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En la primera parte de este post exploré la naturaleza de este virus y su repercusión general a nivel social sobre todo. En la segunda entrega analicé básicamente nuestro modelo de salud, cuestionando la eficacia de un enfoque parcial que prioriza la importancia del agente externo, es decir el virus, sobre el huésped o receptor. En esta tercera parte quiero seguir analizando este modelo de salud basado en el receptor, explorando para ello nuestros mecanismos de defensa. 

Conforme transcurre el tiempo de confinamiento las criticas a la actuación del gobierno en el manejo de esta crisis de salud publica y de recursos sanitarios se suceden con más frecuencia e intensidad en los medios de comunicación. Sin querer entrar a debatir sobre la actuación de nuestros políticos, me encuentro de nuevo con el mismo modelo de pensamiento, que busca siempre, un factor externo, al que responsabilizar como agente único de nuestras desgracias. Creo que este modelo de pensamiento tiene sus limitaciones porque nos sitúa de lleno en una gran incertidumbre. Primero porque, muy a nuestro pesar, desconocemos aun muchas cosas acerca de qué es un virus. Segundo, porque no es posible saber con exactitud cuando y dónde un nuevo virus aparecerá o mutará y cambiará sus circuitos de transmisión habituales para dar el salto a la especie humana, ni tampoco prever de antemano cual será su tasa de contagio, su virulencia, etc. Difícil es estar preparado para lo desconocido.

Pero,  ¿qué sucedería si enfocáramos la atención y la investigación en los factores responsables de nuestra salud y no tanto en los factores conocidos o no, que la destruyen? Si cambiamos el modelo y nos centramos sobre todo en el receptor y en asumir cómo mejorar y fortalecer un sistema diseñado exquisitamente para garantizar la supervivencia, tendremos muchas más posibilidades de minimizar el impacto no solo del actual coronavirus sino de otras futuras pandemias y enfermedades. Este enfoque en el ser humano plantea un desafío personal  ¿Podrías haberte preparado para esta situación?  ¿Que has hecho, en el caso de contagiarte, para estar en el grupo de los asintomáticos o enfermos leves y no en el de los graves? ¿En que medida te has responsabilizado de mantener un estado óptimo de salud que pueda resistir o minimizar una futura enfermedad?

Porque si muchos hubiéramos hecho esta preparación, la repercusión social y sanitaria de esta pandemia hubiera sido, probablemente, mucho menor. En términos sociales, pequeños porcentajes pueden marcar la diferencia entre manejo exitoso y colapso del sistema sanitario. ¿Y si nos hubiéramos preparado para registrar tasas del 5-10% de hospitalización, en lugar del 20-30%?  Sin duda, sin este riesgo sanitario, no se hubieran tomado las medidas de aislamiento a las que estamos sometidos.

Quizás pienses que esta preparación no es posible. Y no lo es desde luego, si nuestro enfoque es siempre externo, si somos agentes pasivos frente al virus o agresor.  Pero estarás de acuerdo conmigo que hace mas de 2000 años no se conocía la existencia de los virus y de las bacterias, y sin embargo esto no fue impedimento para albergar un pensamiento de tremendo calado social. De aquella época lejana, en el Manual de Medicina Interna del Emperador Amarillo (Medicina Tradicional China), escrito en el año 200 a.de C. nos llega este aviso:

«Administrar medicamentos para tratar enfermedades que ya se han declarado y eliminar síntomas que ya se han desarrollado es como empezar a excavar un pozo cuando ya se tiene sed o ponerse a fabricar armas cuando ya se ha entrado en combate. ¿Acaso no es demasiado tarde para emprender tales acciones?»

¿De que podía servir este pensamiento, a menos que tuvieran un modelo de salud, bien diferente al nuestro?. Porque los virus y bacterias existían mucho antes que la humanidad, pero hace 2000 años, las posibilidades de luchar con semejantes patógenos, a través de antibióticos específicos, antirretrovirales, y vacunas, simplemente era impensable. Pero sí había un conocimiento de como actuar en el individuo activando y regulando los propios mecanismos de homeostasis intrínsecos al organismo.

Y esta información esencial, de la medicina preventiva, no es para trasladarla únicamente a los medios sanitarios o políticos, que también, sino que cobra toda su relevancia e importancia, cuando la llevas a tu propia vida, y haces todo lo posible por responsabilizarte activamente de tu propia salud. Sí, de la salud, y no solo de la enfermedad. Nuestro modelo de salud, es un modelo de enfermedad, pues sabe poco de salud y mucho de enfermedad. La prevención se hace siempre en el ámbito de la salud, no de la enfermedad y al igual que en esta última tenemos diversos grados de afectación, de muy leves a graves y mortales, también la salud está sujeta a grados de intensidad y fortaleza. La ciencia, al igual que la tradición (las medicinas ancestrales), sí saben de salud. Solo hay que prestarles atención e implementarlas en el día a día para que nuestra salud y vitalidad se fortalezcan.

Pero en la actualidad, la única prevención que nos llega es solo externa, artificial, ajena a nosotros y a nuestros sistemas de defensa que mantienen la integridad del organismo y la salud. Estos sistemas naturales son básicamente 2: las barreras (piel y mucosas) y el sistema inmune.

Todas la medidas que nos recomiendan hasta el momento, son de efecto barrera: impedir que el virus llegue a nuestras células (mascarilla, guantes…). Cuando estamos sujetos a una importante exposición vírica, como es el caso de los sanitarios, o de susceptibilidad al virus en sujetos de riesgo, estas medidas artificiales son esenciales. Sin embargo, ¿quien ha oído hablar de la barrera natural, que la mucosa y piel suponen y que nos han defendido y seguirán haciéndolo de tantas y tantas agresiones, hasta el punto de que muchas nos hayan pasado casi desapercibidas gracias a su eficacia?. ¿De que manera está implicada la mucosa en los casos asintomáticos, que no llegan a padecer la enfermedad, pero sí la transmiten?

Sabemos que el virus no puede traspasar la barrera que supone una piel intacta, así que podemos tenerlo en las manos, y sin embargo no contagiarnos. Sin embargo las mucosas, especialmente las orofaringeas y respiratorias, son mas vulnerables a la colonización y difusión del virus. Así que la pregunta esencial es ¿como puedo potenciar la función defensiva de mis mucosas? Porque una mucosa íntegra y sana ofrecerá una mayor resistencia a la penetración de cualquier patógeno.

¿Que es una mucosa? 

Un mucosa normal (digestiva, respiratoria…) es una fina capa celular un tanto especial, pues debe de ofrecer una firme barrera a muchas sustancias y ser permeable a otras (proteínas, azucares, etc. en el caso de la mucosa digestiva; oxígeno, CO2 en el caso de la respiratoria).

Por tanto, un factor importante es que las células que la componen, ademas de estar en perfectas condiciones, permanezcan firmemente unidas, por un tipo de proteínas que componen lo que se denomina tight junctions, de tal forma que no se cuele ninguna sustancia indeseable.  Ciertas sustancias toxicas, alteraciones de la microbiota, y factores como el estrés debilitan las uniones intercelulares, aumentando la permeabilidad de las mucosas y generando por tanto, una respuesta inmune crónica y un estado inflamatorio de bajo grado que supone un factor de riesgo importante. 

Otro mecanismo barrera de las mucosas es la producción de moco. El moco respiratorio protege la mucosa de la sequedad que produce el aire respirado (el aire que expulsamos suele ir cargado con mayor grado de humedad), y también de otros agentes tóxicos (humo del tabaco, por ejemplo) y patógenos. Mantener la salud del moco, en calidad y cantidad, así como su adecuada movilización es esencial para la salud del árbol bronquial.

Un tercer elemento de suma importancia es la presencia en las mucosas, incluida la bronquial, de una población de microorganismos, que denominamos microbiota, la cual desempeña funciones esenciales:

  • Protectoras.
  • Nutritivas.
  • Inmunomoduladoras.

Hasta hace un tiempo se pensaba que el árbol bronquial era estéril, pero hoy sabemos que toda la mucosa desde la boca hasta el alvéolo pulmonar, se encuentra lleno de microorganismos, bacterias, virus y hongos, que conforman la microbiota bronquial normal, fundamentalmente compuesta por firmicutes, bacteroidetes y proteobacterias. Al igual que en la mucosa intestinal, la alteración de esta composición normal, se conoce como disbiosis, y es responsable de diversas condiciones patológicas. Una microbiota sana va a depender de la alimentación y de las toxinas que inhalemos. Así los fumadores presentan claros indicios de disbiosis orofaringea, que recordemos es la mucosa mas en contacto con el exterior y común al sistema digestivo y respiratorio.

Finalmente encontramos en las mucosas, el sistema linfoide asociado a mucosas, conocido como MALT. En la orofaringe, este sistema defensivo se encuentra agregado y organizado en unidades funcionales como las adenoides, las amígdalas palatinas y sublinguales, y es una parte importante de nuestro sistema inmune, produciendo entre otras sustancias, lo que se denomina IgA secretora, un anticuerpo que constituye nuestra primera linea de defensa. La función de este anticuerpo es inhibir la capacidad adherente de virus y bacterias a la vez que neutraliza enzimas patógenas y toxinas  Así pues, el MALT es como un centinela presto a identificar no solo la entrada de patógenos sino a la propia microbiota de la zona, tal y como ocurre en el intestino.

Y hay un factor mas, que requiere ser estudiado en profundidad en cuanto a nuestra capacidad de defensa. Somos seres bio-electricos, que generamos campos electromagneticos (EM) que son medidos con los aparatos médicos actuales (electrocardiogramas…). Estos campos, profundamente perturbados en la actualidad por la mayor de las contaminaciones, la electromagnética (móviles, radio, electricidad, electrodomésticos…) son fundamentales para la fisiología.  Por ejemplo, la salamandra tiene la capacidad de regenerar su cola, y esta capacidad no es solo celular y bioquímica, sino que el director de orquesta de toda ella es el campo electromagnético que la salamandra genera en el muñón y que orienta a la materia viva para crear una nueva cola. Cuando interfieres y perturbas ese campo EM la salamandra no es capaz de regenerar la cola, pese a que los nutrientes, células madre, etc. siguen ahí.

La vitalidad de una persona, su Prana, su Ki, su Chi, como se conoce en Oriente a la energía vital, no es mas que energía electromagnética. Se dice de una persona,  que posee o no «magnetismo», que está «radiante», y hay constancia que en determinadas personas se puede percibir una «luz» (una parte del espectro EM) en forma de areola alrededor de su cabeza. Si los campos EM son fundamentales para la vida (la fisioterapia y la medicina física utiliza muchos de estos campos de forma terapéutica), es altamente probable que tengan un papel crucial en nuestra defensa de virus y agentes externos. Y es posible generar y fortalecer estos campos protectores que a modo de aura nos protegen. Así, el campo magnético del corazón, por ejemplo, se puede llegar a expandir hasta 2 metros de distancia del cuerpo, y no deja de ser curioso que la distancia que nos recomiendan para evitar el contagio sea esa misma. Porque con esa distancia, también dejamos de entrar en el campo magnético de otra persona, y no olvidemos que un campo EM, no solo emite energía sino que transmite también información. Hoy sabemos que la comunicación celular va mas allá de la meramente bioquímica a través de hormonas, neurotransmisores, etc. Las células se comunican entre si por campos EM y por emisión y recepción de biofotones que a la velocidad de la luz alcanzan a otras células. ¿No es sorprendente la rapidez y extensión del contagio del COVID-19 a todos los lugares del mundo en un periodo tan breve?. 

Como ves, la propia naturaleza ha dispuesto sabiamente de los elementos protectores, sabiendo que el mundo microbiano, es con diferencia el mas abundante de nuestro planeta, y con el que permanentemente estamos en contacto. El problema surge cuando esas condiciones de defensa se alteran por enfermedades previas, por medicamentos, por estrés, por polución, por falta de alimentación adecuada en cantidad y calidad, por estilos de vida sedentarios, etc.  Todos nuestros mecanismos de defensa quizás no sean suficientes para evitar el contagio de un nuevo virus si nos exponemos con intensidad a él, pero de lo que no me cabe duda es que dicho contagio será leve, de corta duración e incluso favorable si se pasa respetando y acompañando las propias reacciones de defensa. Digo favorable, muy conscientemente, porque dichas infecciones en sujetos sanos, suponen un estrés muy propicio para mantener el sistema inmune vigilante y en buenas condiciones de operatividad.

La situación actual, donde a toda costa se evita el contagio en toda la población sea de riesgo o no, es semejante a disminuir la intensidad de una prueba de esfuerzo para no alterar así la respuesta cardíaca. Precisamente el valor de la prueba de esfuerzo, es sacar a la luz posibles debilidades que en estados de reposo u ordinarios no se ven y hacer así una labor preventiva. La mirada actual a la pandemia es como disminuir la intensidad de un simulacro (por ejemplo, incendio o similar) para no ver las deficiencias del sistema y así poder subsanarlas. Protejamos del contagio a los que de verdad son vulnerables a padecer la enfermedad de forma grave y hagamos una verdadera prevención fortaleciendo la inmunidad natural y la salud del resto de la población. 

La gravedad de la infección, a titulo individual, es un test, una prueba, un simulacro…que pone en jaque tu nivel de salud. Si te infectas por este coronavirus y enfermas gravemente, no es por el virus, sino por la precariedad de los sistemas defensivos y homeostáticos del cuerpo. Hoy se sabe que lo que mata a los enfermos de COVID-19 no es el virus sino la tormenta de citoquinas inflamatorias del propio sistema inmune, que por diversos mecanismos ha perdido su capacidad de autorregulación y de freno a sus propias reacciones defensivas destruyendo el tejido pulmonar y de otros órganos y células como los hematíes.  Por tanto no pongas la atención en el virus, déjalo marchar, dale las gracias incluso, por darte un aviso a tiempo y ponte a trabajar en fortalecer tu salud, a través de aquello que es indiscutible desde la ciencia y la experiencia: tu estilo de vida, tu alimentación, tu nivel de estrés, tu coherencia e integridad como persona. 

Por ello, no es tanto una cuestión de la edad, pues hay gente joven que ha fallecido por el virus y gente mayor de 90, e incluso 100 años, que se ha recuperado. Que formes parte del 30% de contagiados asintomáticos, cuyas defensas de barrera han actuado con suma eficacia, o del 55% de pacientes con sintomatologia leve, cuyo sistema inmune ha generado en tiempo y cantidad la respuesta inflamatoria adecuada y justa para controlar la infección, o del 15 % de enfermos graves y críticos cuyo sistema inmune esta completamente desrregulado y ha creado una hiperrespuesta inflamatoria, que pertenezcas a un grupo u otro, depende de cómo te encontró el virus.

9 comentarios sobre “¿Es COVID-19 el verdadero problema?. Parte 3”

  1. Estoy muy de acuerdo en todo, un artículo muy interesante y bien explicado . Por supuesto creo que es nuestra obligación cuidar el cuerpo y mente, muchas gracias

  2. Como siempre entregado y acertado en tus reflexiones, deseo que ellas hagan su trabajo en nuestra conciencia y aprendamos a cuidar nuestro vehículo, para que así , él pueda defendernos llegada la ocasión. Necesitamos que el chaleco antibalas sea de buena calidad , si queremos que pueda parar los impactos venideros. Un fuerte beso

  3. La verdad es que me ha parecido muy interesante. Ayuda a reflexionar y tomar consciencia de lo importante que es cuidarse tanto física como mental mente.

  4. Excelentes artículos, gracias Rafael.
    Como médico que he dedicado mi vida a la acupuntura comparto 100% el planteamiento.
    Hay que reforzar el factor ZHEN QI, antipatógeno y potenciar la energía defensiva Wei. Esto lo conseguimos incicidiendo en los 3 planos: Físico: (alimentación, ejercicio, , Qi Gong, yoga…) Emocional (Auto aceptación,música, arte, relaciones humanas, naturalez…) y Espiritual (Oración, meditación, sentimiento de sentirse guiado…)
    Es muy importante conservar el centro en estos momentos y la lucidez

  5. Brillante articulo, no solo por la parte médica, sino por la parte social. Vivimos en una sociedad en la que el individuo se ha acostumbrado a criticar todo lo que le viene de fuera como responsable exclusivo de sus desgracias, sin pararse a pensar que parte de responsabilidad tiene él mismo respecto a todo lo que le sucede. Chapeau!!

  6. Me encanto, igual que las partes anteriores. Lo único claro de todo esto es lo que el Dr. Rafael expone. Cuidar tu cuerpo y tu mente para tener un buen sistema inmunitario es la clave de todo. No sólo de combatir el virus, si no de tener una vida plena.

  7. Artículos muy esclarecedores y bien explicados para el público. La verdad, me ayudan muchísimo a entender y sobrellevar esta situación desconocida y estresante. Gracias.

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