MEDITACIÓN Y SUFRIMIENTO

Heyam duhkham anagatam.  Evita el sufrimiento que aún no ha llegado”. Yogasutras de Patanjali II.16

El dolor y el sufrimiento es el fruto de una semilla hace largo tiempo sembrada. La semilla fue plantada, regada y abonada, y a su debido tiempo germinará y su fruto será doloroso. Así se expresa uno de los sutras más contundentes de Patanjali, el gran codificador del Yoga. Hay, en este aforismo, una dura realidad, la de que el dolor llegará inevitablemente en algún momento a tu vida, porque ya fue sembrado y programado. Hay también, en este sutra, una exhortación a la acción, un deber de desprogramar lo sembrado y un derecho cargado de esperanza en virtud de tu naturaleza esencial. Surge pues, de este aforismo la pregunta ¿es posible evitar lo inevitable?

Plantamos semillas de dolor cada vez que nuestra mente se encuentra dominada por condicionamientos de agitación, pasión, ambición, poder, celos, ira, odio… o por condicionamientos de confusión, pereza, inhibición, ignorancia, miedo… La existencia de estas huellas y tensiones en la mente, opaca la conciencia y el discernimiento que nos otorgan la lucidez y la serenidad necesarias para actuar adecuadamente. Cuando, a través de la meditación, disminuyes estos condicionamientos y aumentas la claridad y la calma, dejas de plantar nuevas semillas de futuros sufrimientos. ¿Pero que ocurre con las semillas que ya están plantadas y en proceso de germinar?

La meditación, desde su inicio, te permitirá recibir su fruto, con una actitud de mayor aceptación, comprensión y resiliencia, que sin duda disminuirá el impacto y la huella del sufrimiento, dejándote mas libre de su influencia, pues toda experiencia de dolor deja su impronta en la mente y el sistema nervioso. Si el sufrimiento es grande, entonces no puede procesarse adecuadamente en el cerebro, se encapsula y se disocia de la consciencia, perturbando toda la dinámica personal desde la sombra. La meditación aumenta tu consciencia y tu capacidad de integrar las distintas experiencias de la vida, evitando así, que sus huellas marquen tu destino y aumenten los kleshas, las fuentes de aflicción que Patanjali desarrolla en sus aforismos.  

Pero en última instancia, la meditación, al romper la identificación con la mente y el ego, te pondrá a salvo de su influencia y el fruto del dolor apenas te rozará, al igual que un pequeño desplazamiento de la trayectoria de la bala impedirá que ésta te alcance. Pero este desplazamiento no acontece en el mundo, no ocurre en la línea horizontal de la vida, sino en la línea vertical, en los planos internos de la conciencia. A través del proceso de la meditación te desplazas interiormente hacia un estado no-local y no-dual, más allá del tiempo y el espacio que surgen inevitablemente en la dimensión mental y material: en ese estado interior la onda del sufrimiento no te puede alcanzar porque te encuentras fuera de su influencia, al haber perdido la forma, lo concreto que supone estar identificado con la personalidad, y que te hace un blanco fácil, a donde retorna toda acción del pasado, de la misma forma que un boomerang retorna a su lugar de partida. La oscuridad del sufrimiento no consciente nunca puede alcanzar los espacios de la Luz.

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