MEDITACIÓN E IDENTIFICACIÓN. PROFUNDIDAD E INTENSIDAD DE LA PRÁCTICA

Muchas personas conocen y practican algún tipo de Meditación…y quizás tu seas una de ellas. A poco que hayas podido experimentar con la meditación, sabrás de sus beneficios y también de sus dificultades dentro y fuera del proceso meditativo. Así:

  • Cada método o técnica entraña procesos más o menos complejos, facilitando o no la regularidad y efectividad de la práctica meditativa.
  • El estilo de vida que cada uno lleva, puede ser o no, un aliado que favorezca la incorporación de la meditación en el quehacer cotidiano.
  • El propio meditador, la personalidad que toma el reto de meditar, se convierte tarde o temprano, en la mayor resistencia al estado meditativo.

La meditación ha constituido desde tiempos inmemoriales una vía de acceso directo a espacios interiores de calma y lucidez, donde el Ser interior puede revelarse y ser experimentado. Pero la meditación lejos de ser una, engloba diferentes técnicas o métodos de manejo especifico de la atención. La investigación en Neurociencia ha permitido descubrir que diferentes prácticas atencionales (meditativas) producen resultados diferentes en el funcionamiento cerebral y en las capacidades cognitivas y emocionales.

Es en la tradición del Yoga de Patanjali, donde se describe un proceso meditativo que ha demostrado ser fácil y eficaz para llevar la mente a su estado más silencioso. En los primeros sutras se propone un método de atención pasiva libre para conducir y orientar la actividad mental ordinaria, que se caracteriza, en el estado de vigilia, por la presencia de ondas electroencefalográficas rápidas. Este modo de funcionamiento cerebral, fragmenta el cerebro y la continuidad de la atención, la cual se orienta hacia fuera, a través de los sentidos, llevando al sujeto que atiende a desconectarse de sí mismo para identificarse con todo aquello que percibe, siente o piensa.

Pero otra experiencia se torna posible cuando, a través de esta práctica sin esfuerzo y sin apenas control cognitivo, la actividad mental comienza a asentarse en un modo alfa de ondas más lentas, que indican vigilia y descanso al mismo tiempo. En esta nueva experiencia, el cerebro se integra, y el sujeto que medita empieza a aflojar los mecanismos de identificación que llevan el sentido del yo a ser uno con los procesos mentales: pensamientos, creencias, emociones, estados de ánimo, roles y conductas. No es posible, fuera del estado meditativo, escapar al proceso de identificación que fragmenta y divide al yo.

En el estado ordinario de vigilia eres una multitud de yoes: algunos colaboran entre si, otros se oponen, algunos se muestran abiertamente y otros dirigen la orquesta desde la sombra. En todos estos casos, el «yo múltiple», se halla asociado íntimamente a las cambiantes actividades mentales que son producto de la reactividad al medio externo o internoTodos los «yoes» se hallan vinculados al modo hacer y existen como consecuencia de procesos mentales fragmentados. La actividad de la mente atrapa la consciencia y con ella al sentido del «yo». A mayor actividad – reactividad mayor identificación. 

Es también en estos primeros sutras, que Patanjali nos regala otra joya de sabiduría: cuando la actividad mental se sosiega y se asienta, el Ser se restablece en su propia naturaleza. Entonces, se afloja primero y se rompe después, la identificación con la actividad mental, posibilitando que el sentido del Yo se restablezca en el único modo que le es propio y natural, el modo Ser, el cual se halla desligado de todo proceso mental.

Pero el vivir cotidiano refuerza continuamente la identificación, porque la vida exige de la mente y de su activación. Ello, como decía, secuestra la atención y la consciencia hacia valores fragmentados y separados. Olvidas así, quién eres y te conviertes en el hijo pródigo, que anda siempre buscando «algo» en lo que «depositar» su identidad. Como la vida conlleva ineludiblemente experiencias y toda experiencia deja una huella más o menos profunda en el sistema nervioso y en la mente, se crean así, diferentes clases de condicionamientos, sobre los que se deposita firmemente el sentido de identidad, conformando las distintas facetas y «yoes» de la personalidad. Un condicionamiento, implica, entre otras cosas, una activación residual y crónica de la mente, que impide la experiencia de quietud y silencio.

La meditación regular actúa fundamentalmente como preventivo, al disminuir el impacto que las experiencias y las tensiones tienen sobre el sistema nervioso, evitando así que sigan fortaleciendo viejos condicionamientos o creando otros nuevos. La meditación diaria, a través de ciertos procesos fisiológicos y cerebrales que pone en marcha, permite procesar adecuadamente las experiencias emocionales y la actividad del día, disminuyendo con ello el residuo del que se alimentan los condicionamientos. Sin embargo, es necesario un trabajo profundo sobre los condicionamientos que estructuran la personalidad, si queremos acceder y estabilizar nuevos niveles de ser y conciencia

Un Retiro es una práctica intensiva de meditación, que ofrece la posibilidad de profundizar en la experiencia meditativa a través de una intensa respuesta fisiológica de relajación y descanso, que permite acceder a una consciencia más amplia del “territorio interior” y a niveles y condicionamientos más estructurales, dando la posibilidad a que éstos puedan ser procesados y desactivados, debilitando con ello la identificación con la personalidad. En este sentido hay que resaltar el efecto acumulativo de la práctica meditativa y de otros elementos que se llevan a cabo durante los días del retiro. La meditación producirá más resultado en función de la profundidad alcanzada, es decir, cuanto se ha disminuido la actividad mental y se ha progresado en la dirección interiorizante de la meditación. Tres factores son importantes para profundizar el proceso meditativo:

1. El lugar de partida, es decir cuán activada o relajada esté tu fisiología y tu mente. A mayor activación mayor dificultad para acceder a niveles de mayor quietud y silencio. Un retiro permite, a través de sus diferentes actividades, optimizar el punto de partida, llevando progresivamente el cuerpo y la mente a estados de menor activación y reactividad. Esto favorece enormemente la entrada y el alcance del proceso meditativo.

2. Las horas acumuladas de meditación a lo largo del retiro. La meditación procesa tensiones, experiencias no resueltas, temas pendientes, traumas, fatiga acumulada, etc. En la medida que se le dedica más tiempo, mayores serán las posibilidades de procesar estos residuos y liberar su energía retenida, dejando en su lugar mayor calma y energía atencional y consciente.

3. La duración de cada sesión de meditación. Un retiro permite hacer sesiones de meditación de mayor duración a la práctica habitual. Cuanto más tiempo dure, mayor nivel de profundidad se alcanzará y condicionamientos mas profundos y estructurales podrán salir a la luz y ser procesados dentro y fuera de la meditación.

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