¿Es COVID-19 el verdadero problema?. Parte 2

 

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En la primera parte de este post exploré la naturaleza de este virus y su repercusión general a nivel social sobre todo. En esta segunda parte quiero plantear algunas cuestiones y reflexiones que la enfermedad COVID-19 presenta, analizando, como médico, nuestro modelo de salud. Soy consciente de que en esta crisis global, diversos colectivos están haciendo un tremendo esfuerzo para garantizar el estado de bienestar y la salud de las personas y contribuir de esta forma, a que el sistema social no colapse. Estos colectivos merecen todo nuestro reconocimiento y agradecimiento, así que no es en absoluto, una critica hacia el personal sanitario que está dejándose la piel por salvar vidas y atender a los enfermos. Pienso que toda crisis es también una de las mayores oportunidades de transformación, y el mayor cambio que puede ocurrir es un cambio de paradigma, del modelo con el que vemos y actuamos en el mundo. Quizás la pandemia del coronavirus presente otros significados mas allá del estado obvio de alarma, y contenga interrogantes más profundos y trascendentes para nuestro modelo de salud y para el sistema de vida imperante.

Imagina por un momento que tuvieras la mala fortuna de contagiarte, ¿podrías decir cual sería la intensidad o gravedad de tu enfermedad? Dado que no tienes una bola de cristal,  no sabes con certeza la respuesta. Por eso la mayor parte de las personas centran su atención, no en responder a esta pregunta con acciones concretas, sino en alcanzar el objetivo que el Sistema Sanitario y el Gobierno prescriben: evitar el contagio, a través de las adecuadas medidas de higiene, aislamiento, etc.  Siendo este objetivo y estas medidas, lógicas e importantes en el nivel individual para prevenir la enfermedad, se tornan imprescindibles en determinados colectivos de personas de riesgo (ancianos, inmunodeprimidos, enfermos pulmonares y cardíacos…condiciones todas ellas ajenas al virus en cuestión) y en el contexto de la sociedad en su conjunto, dada su repercusión en los recursos sanitarios disponibles, como ya explique en la primera parte.

Muchas de las pandemias ocurridas decenas de años antes, cursaron con millones de muertes, como por ejemplo la mal llamada gripe española de 1918. Hoy sabemos que además de la virulencia del virus, condiciones de higiene y atención medica fueron parte contribuyente en tamaña devastación. Es evidente que nuestro conocimiento de la enfermedad y de los recursos terapéuticos, salva vidas y disminuye el dolor y el sufrimiento que toda enfermedad produce. 

Pero yo me pregunto ¿evitar el contagio, es todo lo que podemos hacer?.  Y si ya no lo podemos evitar, si ya tenemos personas contagiadas que crecen exponencialmente día a día, entonces la pregunta crucial para mi es ¿por qué algunos padecen la enfermedad de forma grave, hasta el punto de llegar a fallecer y otros la padecen de forma leve e incluso asintomática?. La respuesta que oímos con frecuencia es: «depende de tu sistema inmunitario». Y parece que con semejante respuesta está todo dicho. Pero, ¿de qué depende a su vez tu sistema inmune?.  

¿Y por qué la mortalidad de este virus está siendo alrededor del 3.4% de media con importantes variaciones, sin embargo, dependiendo de países o zonas? ¿Por que los enfermos que requieren hospitalización son un 20% – 30% y no una cifra menor? ¿Por que un paciente que inicia la enfermedad progresa hacia una fibrosis pulmonar y una neumonía, sin que los tratamientos establecidos por la medicina vigente puedan evitarlo? ¿Es solo la virulencia o la capacidad letal del virus el único responsable, o nuestro abordaje de la enfermedad tiene algo que ver?.

Es evidente que muchos otros factores, ajenos al virus, determinan su morbilidad y mortalidad. Me quedo sorprendido de que los esfuerzos en manejar la enfermedad se centren exclusivamente en el virus y en desarrollar una vacuna y un medicamento antirretroviral especifico para él. ¿Donde queda el huésped, el enfermo? ¿Por que no estudiar a los enfermos leves o mejor aún a los asintomáticos que casualmente han podido ser descubiertos? Es obvio que el virus se comporta siempre de la misma forma: infectando cada célula que puede…pero resulta que no siempre puede hacerlo a su antojo. ¿Por qué?

Hay que entender que toda enfermedad es el resultado de la combinación de un factor primario estresor (virus, bacteria, traumatismo, pérdida, amenaza…) y la respuesta secundaria que produce el organismo frente a él. Si elimino al agresor, utilizando por ejemplo un antibiótico en el caso de las bacterias, la enfermedad desaparecerá, sin duda, pero también lo hará, si me ocupo del receptor, eliminando su sensibilidad o vulnerabilidad al estresor. En el caso de los virus, sabemos que el paradigma vigente busca la vacuna especifica por encima de todo. Pero las vacunas, tienen grandes limitaciones. Por un lado solo ofrecen una inmunidad parcial porque hay un porcentaje mayor o menor de la población que la recibe, que no obtiene los resultados esperados, como bien sabemos que ocurre con la vacuna de la gripe. Por otro lado, los virus ARN tienen la capacidad de mutar por recombinación genética, adaptándose para sobrevivir, como lo hace cualquier especie, por lo que nos encontraremos con un virus distinto, y con una patología asociada también distinta, en síntomas y/o gravedad. ¿No sería más útil trabajar también con el receptor, y cooperar con el mejor laboratorio de vacunas y medicamentos que existe: nuestro organismo y sus diferentes sistemas de defensa y homeostasis? La ventaja de ocuparse del receptor, es mas que evidente, pues el resultado siempre será un mejor estado de salud, que es sin duda la mejor vacuna y antídoto ante la enfermedad. Las Medicinas Tradicionales, como el Ayurveda y la Medicina Tradicional China, que dicho sea de paso, llevan miles de años atendiendo los problemas de salud de la población, y también medicinas occidentales complementarias, como la Homeopatía, tienen su énfasis de actuación en el huésped o receptor.

No es necesario por ejemplo en el caso de la Homeopatía, esperar a conocer en detalle el agente agresor (virus) para obtener un tratamiento «etiológico», pues es la totalidad de los síntomas, la que representa la respuesta del organismo frente al agresor, y la que se toma como diagnóstico y remedio de la enfermedad. Esto conlleva una gran ventaja, porque podemos prescribir desde un inicio un tratamiento en base a la respuesta (síntomas) del paciente, sin esperar a conocer en detalle la causa agresora.

El Ayurveda, por su parte nos dice que toda enfermedad es producto solo y exclusivamente de la alteración de sus principios operativos (Doshas) y que atendiendo a la manera en que estos principios se alteran se obtiene el restablecimiento de la salud. Es decir, si un virus (o cualquier otro agente) produce un desequilibrio de Vata, el dosha que representa el elemento aire, como por ejemplo es la tos seca y el dolor, bastaría aplicar aquellos elementos terapéuticos que reequilibren Vata. Y uno debe recordar que no es lo mismo tratar la tos seca (tratamiento sintomático), que Vata: en la perspectiva ayurvédica la causa de la tos seca, no es el virus en cuestión, sino un aumento del dosha Vata en el organismo o en una parte de él, así que actuando sobre el dosha, actuaríamos sobre la causa del síntoma y de la enfermedad.

También encontramos en estas Medicinas, relaciones fisiológicas interesantes, desconocidas en la medicina occidental. Así, Vata rige el sistema nervioso y tiene su asiento principal en el colon, por lo que necesitaremos actuar en el colón para tratar el desequilibrio nervioso o la enfermedad neurológica. En la Medicina Tradicional China, se asocia el pulmón y el intestino grueso (colón), al elemento metal, de tal forma que ambos órganos están estrechamente relacionados; sin duda, el estado del colón tenga mucho que ver con la gravedad de la patología pulmonar producida por el COVID-19, aunque esto sea impensable e irracional desde una perspectiva medica occidental. En definitiva, estas medicinas plantean modelos diferentes de salud, con códigos de lectura bien distintos al nuestro, y pese a que resultan  incomprensibles para nuestro paradigma sanitario, funcionan y funcionan muy bien.

Hoy en día empezamos a conocer desde una perspectiva científica que esas premisas de paradigmas ajenos al nuestro, tienen un fundamento real. Sabemos que nuestro sistema inmune es clave para mantener la integridad de nuestro organismo, detectando las posibles amenazas que aparezcan en forma de virus, bacterias, toxinas, células cancerosas, etc. Y este sistema de defensa se encuentra primordialmente en nuestros intestinos, testando permanentemente no solo todo lo que entra a través de la mucosa intestinal sino a la propia microbiota, a la población de bacterias que convive con nosotros y que realiza importantísimas funciones, nutricionales, protectoras y defensivas. Esta microbiota, que se encuentra fundamentalmente en el colón, ejerce a su vez un efecto inmunomodulador sobre el sistema defensivo. Podríamos decir, sin riesgo de equivocarnos que así como es nuestro ecosistema  intestinal así es nuestro sistema inmune. Por ejemplo,  si en nuestro sistema inmune intestinal predomina un tipo de respuesta conocida como Th2, la mucosa bronquial y respiratoria es mucho mas propensa a tener reacciones alérgicas. Por ejemplo, los niños que nacen por cesárea, y no se ven expuestos a la microbiota vaginal de la madre (curiosamente compuesta en su mayor parte de lactobacilos), tienen una respuesta intestinal predominantemente Th2, que los predispone a presentar más respuestas alérgicas a alimentos o alérgenos ambientales. De nuevo no es la sustancia (alérgeno) sino la condición y el estado de nuestro sistema defensivo, el que condiciona la aparición de la sintomatología ante la sustancia externa, que por si misma no producirá enfermedad si la condición del sistema inmune es otra. Lo mismo ocurre con virus o patógenos, que serán mas o menos letales en función del estado y respuesta del organismo. 

Así que, para responder a la pregunta ¿de que depende que una persona presente una enfermedad por COVID-19, leve y sin trascendencia, o grave y mortal? debemos ir a las raíces sobre las que se fundamenta nuestro sistema inmune: y esas raíces somos ¡nosotros!! es decir, nuestra alimentación, estilo de vida y manera en que afrontamos la vida. Los inmunólogos, bioquímicos y demás científicos podrán explicarnos las complejas reacciones moleculares que acontecen en nuestra respuesta inmune pero si como sabemos, un estado emocional es capaz de cambiar con rapidez la respuesta inmune de mucosas o un estado meditativo alterar la expresión de genes relacionados con la inflamación, entonces la conclusión es que somos mucho mas responsables de nuestra salud, de lo que nos han hecho creer. Tenemos un maravilloso organismo diseñado para la salud, con complejos sistemas que se encargan de mantener la homeostasis y el equilibrio frente a situaciones y agentes perturbadores, tan solo necesitamos eliminar aquello que obstaculiza e impide el correcto funcionamiento de esa inteligencia interna, que los médicos hipocráticos denominaron Vis Medicatrix. Por eso todas las medicinas antiguas hacen énfasis en los procesos de depuración, desintoxicación o limpieza interna del organismo como primer elemento terapéutico. Confiar y ocuparse activamente de esta inteligencia vegetativa es crucial para nuestro bienestar.

Sería pues muy deseable, que esos individuos que presentan una infección por COVID-19 banal y sin importancia, fueran estudiados a fin de comprender mejor y resolver esta pandemia con menos efectos colaterales. Y dado que estos individuos no viven en un laboratorio, el estudio debería analizar su vida: su personalidad y actitud ante la vida, su alimentación y estilo de vida. Porque todos queremos tener un Sistema Sanitario público y de calidad, pero pasamos por alto que estos 3 elementos que he mencionado son con diferencia el mejor recurso sanitario y el mejor seguro de salud disponible. ¡Hazte responsable de tu salud! Todos lo agradeceremos, tu el primero.

Explorare en una tercera parte, la importancia de la meditación y de ciertos hábitos de vida en nuestra respuesta inmune.  

 

4 comentarios en «¿Es COVID-19 el verdadero problema?. Parte 2»

  1. Hola Rafael, muy esclarecedor tu exposición sobre el origen de la vulnerabilidad humana ante este virus o cualquier otro. Todo parece llevarnos siempre al mismo punto: el de la educación en hábitos y costumbres saludable tradicionalmente verificados. Gracias por tu aporte!

  2. Atender al receptor antes que al agresor, es mucho más humano. Creo en la necesidad urgente de que la medicina occidental mire hacia Oriente y se abra a todo lo que pueden aportarle las medicinas tradicionales. Gracias Rafael.

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