¿Es COVID-19 el verdadero problema?.

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No es fácil entender la que nos ha caído encima. Primero, por lo imprevisto y la velocidad con la que se suceden los acontecimientos; segundo por la magnitud de sus consecuencias en la vida diaria para cada uno de nosotros. Pareciera que vivimos en un escenario al más puro estilo de Hollywood, en una de esas películas apocalípticas o en aquellas superproducciones bíblicas de antaño. Ante tal bombardeo de información y medidas, uno no puede dejar de sentirse extrañamente aliviado y asustado al mismo tiempo. Perplejo, uno se pregunta ¿Cómo es posible que semejante micropartícula, en el limite mismo entre la vida y la no vida, acabe con la existencia de algunos de nuestros semejantes, enferme a otros y amenace toda una civilización condicionando la forma de vida establecida?

¿Quien eres Mr. COVID?

Cuando hablamos de virus, hablamos no de seres vivos tal y como los conocemos, sino de «partículas» compuestas de material genético (ADN o ARN) y proteínas, en el interior habitualmente, de una membrana de grasa. Partículas que no pueden permanecer mucho tiempo «desencarnadas» y necesitan para su existencia y supervivencia como «especie», tomar un cuerpo celular, una célula viva, a la que modifican y ponen a su servicio. En la mayoría de los casos esto no implica necesariamente enfermedad y destrucción de la célula, y el virus se comporta como un «polinizador» de material genético. Y al igual que cada uno de nosotros tiene, como si de huella dactilar se tratara, su propia  población de bacterias, cuyo material genético conforma nuestro Microbioma, cada ser humano tiene a su vez, su propio y único Viroma (material genético de su población de virus), que dicho sea de paso es tremendamente más complejo y variado que el primero. Para darnos cuenta de la complejidad de la que estamos hechos diré que nuestro material genético codifica aproximadamente unos 23.000 genes, mientras que nuestro Microbioma codifica unos 3 millones. Genéticamente estas hecho en tu mayor parte, de virus y bacterias. Así pues nuestro sistema inmune está altamente especializado en tratar con todo tipo de «tipejos» genéticamente diferentes a nosotros, a los que reconoce y tolera, en una proporción infinitamente mas compleja y rica que la red social del mejor influencer del mundo.

El COVID-19 es la enfermedad causada por un tipo de coronavirus, una amplia familia de virus bien extendida en nuestro planeta, algunos de cuyos miembros, son bien conocidos por nuestro sistema defensivo por haber convivido con ellos durante generaciones. Otros sin embargo, tienen circuitos de transmisión diferentes (otras especies animales), siendo desconocidos para el ser humano, hasta que eventualmente por mecanismos de recombinación genética, mutan adaptándose y dando el salto al género humano. Muy probablemente la intervención humana, tenga mucho que ver, pues ciertas actuaciones con animales salvajes pueden favorecer la transmisibilidad al hombre, como parece haber ocurrido en Wuhan, donde se caza y se come indiscriminada e ilegalmente al pangolin, probable huésped secundario e intermediario entre el murciélago y el hombre. Así pues, somos mas responsables de lo que parece en este tipo de situaciones, que serán cada vez más frecuentes, por la grave interferencia que el hombre produce en el ecosistema terrestre. 

Podemos dividir esta familia de coronavirus, en función no de sus características estructurales, sino de su poder patógeno de producir enfermedad, y así tenemos virus de baja patogenicidad, como los del resfriado común (coronavirus humano 229E y el OC43) cuya infección es muy frecuente, y otros como el coronavirus SARS (severe acute respiratory syndrome, síndrome respiratorio agudo grave) del 2002-03 y el coronavirus MERS (Middle East respiratory syndrome, síndrome respiratorio de Oriente Medio) identificado por primera vez en el 2012, poseyendo ambos, un  alto poder patógeno, al causar reacciones inflamatorias graves en el pulmón.

El SARS-CoV-2 (que produce COVID-19), es un virus nuevo para el hombre (aunque homologo genéticamente al SARS-CoV en un 80%) que se aísla por primera vez en Wuhan, China,  el 7 de enero de este año, y que produce de la misma forma que sus predecesores una afectación pulmonar. Sin embargo a diferencia de ellos posee un menor poder patógeno. Recordemos que la tasa de mortalidad del SARS, oscilaba entre un 10-14% y la del MERS entre un 30-35%. Los datos actuales sitúan la letalidad del COVID-19 muy por debajo de estas cifras, entre un 0,6% y un 6.5% dependiendo del país o la zona. La diferencia de mortalidad, obedece principalmente a la cuantificación de los sujetos infectados diagnosticados, y no de los casos reales, mucho más abundantes y que son desconocidos. El estudio de la evolución de la infección en China, permite deducir que el numero real de personas contagiadas en todos los países, supera en decenas de miles, las declaradas por la OMS (Organización Mundial de la Salud).

Es evidente también, que poblaciones de riesgo (ancianos, imunodeprimidos, enfermos crónicos…) presentarán también mayores tasas de mortalidad, que afectarán el computo general de la misma (se estima actualmente por la OMS, en 3.4% de media, el potencial letal de este virus). Una cuestión importante a considerar en la tasa de mortalidad del virus, tiene poco que ver con su poder patógeno y si con el sistema sanitario: porque si se desbordan los recursos sanitarios (rápida tasa de contagios, personal sanitario enfermo, falta de material medico, de camas, respiradores, etc), necesariamente la atención médica fallará y el numero de fallecidos aumentará en las poblaciones de riesgo que padezcan el virus.

Un dato importante a conocer, es que la capacidad infecto contagiosa de estos virus es inversamente proporcional a su letalidad, es decir a mayor capacidad de producir la muerte menor transmisibilidad ( MERS-CoV) y a menor o nula mortalidad (Virus del resfriado común) altísima infectividad. Es fácil entender por qué. Menos mortalidad y gravedad, implican un volumen mayor de personas contagiadas asintomáticas o con síntomas leves, que no requerirán atención hospitalaria, ni tomarán por ellos mismos, medidas de contención y aislamiento, convirtiéndose en portadores y propagadores de la enfermedad. Así nos encontramos que COVID-19 tiene una muy baja mortalidad (comparado con sus predecesores) y una alta infectividad, porque todo sujeto que se ponga en contacto con el virus se convertirá, por falta de inmunidad previa, en enfermo y portador del mismo. Es obvio que con el tiempo todos nos expondremos al virus y desarrollaremos la inmunidad natural necesaria para combatirlo.

El problema es social, no individual.

Cabe pensar, a la vista del crecimiento exponencial de los contagiados y de la presión que ello supone sobre el sistema sanitario, que la medida mas urgente es contener y mitigar la transmisión a través de las medidas que el Gobierno ha tomado con el estado de Alarma;  tiene toda su lógica esta actuación para disminuir la rapidez del contagio y el colapso sanitario consecuente. Pero no podemos pensar a corto plazo, ni con estrechez de miras. 

Lo que está ocurriendo no es un problema exclusivo de COVID-19. Su aparición pone al descubierto muchos temas cruciales que atañen a:

  • Nuestra Sanidad Pública, que ha venido sufriendo años de recortes en recursos, investigación y formación. 
  • Nuestro modelo de la salud y la enfermedad, donde prima todavía, de forma genérica la idea falsa, de que hay un solo agente causal de la misma, siempre externo al organismo, y hacia el que se dirige todo tratamiento (farmacológico, por supuesto) y actuación. 
  • La industria farmacéutica, donde prevalecen los intereses económicos que la enfermedad, no la salud, otorga.
  • Cada uno de nosotros, que siempre buscamos responsables externos y soluciones parciales, para no tener que analizar y cambiar nuestro estilo de vida, verdadero responsable de nuestro nivel de salud.
  • La humanidad en conjunto, y nuestro estilo de vida occidental en particular, verdadera plaga que explota y altera el equilibrio del ecosistema terrestre que le da la vida y la salud.

Analizar cada uno de estos temas, llevaría muchas paginas, y no es la intención de este pequeño articulo. Me centraré en debatir  solo algunas cuestiones, para mi cruciales, en la pandemia que nos ocupa.

COVID-19 no es una enfermedad grave en mas del 80% de la población diagnosticada. Posiblemente este porcentaje sea mayor, debido a los casos no diagnosticados, mucho más abundantes según los estudios llevados a cabo. Solo un 20% de estos pacientes diagnosticados requiere atención hospitalaria, y de éstos solo un 5% requiere cuidados intensivos, y solo la mitad de los internados en UCI requieren respiración asistida. Un altísimo porcentaje de los enfermos graves son enfermos previos al contagio por el virus. Así que al igual que el Sistema Sanitario se colapsa ante una demanda excesiva, también lo hace un organismo deteriorado o debilitado cuando recibe un estrés añadido como es una infección incluso leve.

El Ayurveda enuncia el Principio de la Yukti, «la enfermedad es siempre multifactorial», es como la cosecha, que para que prospere, necesita de una buena semilla, de un terreno propicio, del agua necesaria y de las condiciones de temperatura adecuadas ¿Como explicar si no, las tremendas diferencias de afectación de los pacientes contagiados? Pareciera que COVID-19 se muestra más o menos amistoso con diferentes personas, como si estableciera simpatías con unos y no con otros. No nos engañemos el virus es un factor más, quizás mas irrelevante de lo que parece, y donde lo verdaderamente importante es el estado de salud y equilibrio del receptor. Ninguna semilla (virus) puede germinar bien, en un terreno (organismo) no propicio (en equilibrio y fortaleza). La gravedad y extensión de la Pandemia y la demanda de atención hospitalaria pone al descubierto el pobre estado de salud de la población y la incapacidad de una optima respuesta inmune.

Como enfermedad leve en la inmensa mayoría de los casos, pero de alta transmisibilidad en todos los casos, toda la población debería estar concienciada de que la infección COVID-19, se pasa en cama, aislado de visitas, con reposo, hidratación, ayuno o dieta liquida, medidas que potencien la respuesta inmune del organismo y paciencia. Es la manera en que la naturaleza y nuestro organismo, cura las enfermedades agudas, y el sistema inmune genera anticuerpos que confieren protección, en muchos casos definitiva. Deberíamos recordar aquella famosa sentencia de los Médicos Hipocráticos: «dádme el poder de producir fiebre y curaré todas las enfermedades». Hasta Galeno utilizó la fiebre como elemento terapéutico. Pero hoy en día, la fiebre parece ser el problema y a toda costa se trata de eliminar farmacologicamente, sin darnos cuenta que con su marcha se van también buena parte de nuestras respuestas inmunes.  Vigilemos la fiebre, no la suprimamos sin mas. Dejemos que actúe la sabiduría innata de nuestro organismo y de nuestro sistema inmune, que es con diferencia el mejor laboratorio de vacunas del mundo. Nuestra misión, como médicos, es solo eliminar las resistencias y las dificultades que impiden o distorsionan la Vis Medicatrix del enfermo (esa famosa premisa hipocrática que sostiene que «la naturaleza es el médico de las enfermedades»), creando el entorno ideal de higiene, alimentación, estilo de vida y apoyo terapéutico si se requiere. En una sociedad abocada al placer y la gratificación instantánea, a la prisa y al logro de objetivos inmediatos y tangibles, todo malestar y enfermedad aguda debe ser evitada a toda costa. Perdemos de vista la tremenda importancia que dichas enfermedades suponen para mejorar y fortalecer, en las condiciones adecuadas, la salud y la longevidad. Sacrificamos unos pocos momentos de malestar agudo, por largos años de enfermedades crónicas, que no nos matarán pero dejarán su huella en el rostro y en la calidad de vida.  

Las medidas del estado de alarma, sin duda contendrán y mitigarán el ritmo del contagio, pero no lo detendrán…ganaremos tiempo, y entonces el sistema sanitario no se resentirá, lo que es crucial y esencial. ¿Pero es esto un signo de su fortaleza? ¿Es salud vivir en una urna de cristal sin presión ni estrés agudo? Si analizamos la microbiota de un salvaje del Amazonas nos daremos cuenta de que es infinitamente mas variada, compleja y rica (con todos sus enormes beneficios sobre la inmunidad) que la de un hombre civilizado que ha llevado la higiene al rango de la neurosis. Leamos pues el prospecto, que todo fármaco lleva por cierto, y nos daremos cuenta de los efectos secundarios y colaterales que dichas medidas conllevan. Ya lo dice la sabiduría popular «a veces el remedio es peor que la enfermedad» pues éste, genera nuevos desequilibrios y nuevos tratamientos no exentos de consecuencias a su vez. Sepamos ver los daños a corto plazo en la economía, en el estrés social y en el equilibrio psicoemocional de las personas, que sin duda afectarán la salud de la población por largo tiempo. El estrés crónico es con diferencia mucho más letal que los virus, es una pandemia permanente, que quizás no mate inmediatamente, pero sus efectos minan las mismísimas raíces de la salud y el bienestar.

Pero las medidas de contención y aislamiento tienen también un claro beneficio individual: disminuyen las posibilidades de contagiarse y en el caso de hacerlo, minimizan la carga viral. Y esto es esencial para aligerar el efecto patógeno del virus. Podemos extender un poco la goma, pero si nos sobrepasamos, la goma se romperá. Podemos someternos a pequeños estímulos estresores, y eso fortalecerá el sistema y nuestra resilencia, pero una dosis excesiva de estrés agudo sobrepasará nuestra capacidad de homeostasis y adaptación. La carga viral, el numero de virus que ha infectado nuestras células, esta directamente relacionada con la gravedad de la patología. Minimizar por tanto la exposición al virus es una forma de asegurar un curso leve de la enfermedad y disminuir de paso, el impacto social sobre los recursos sanitarios.

Hablaré en un segundo articulo, de como podemos afrontar individualmente a COVID-19

 

4 comentarios sobre “¿Es COVID-19 el verdadero problema?.”

  1. Me ha encantado estoy de acuerdo en lo que dices…pienso exactamente igual.
    Gracias por tu tiempo en escribir y compartir.
    Namasté.

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