Nuestras convicciones más arraigadas, más indubitables, son las más sospechosas.
Ellas constituyen nuestro límite, nuestros confines, nuestra prisión.
Ortega y Gasset
Para que una convicción, una creencia, o un hábito se arraiguen profundamente, deben generar circuitos y redes neuronales muy potentes, de tal forma que la información fluya de manera automática y obligada por dichos cauces y no por otros. Esto es sinónimo de rigidez y falta de neuroplasticidad en la mente y en la personalidad. El camino de la meditación aumenta la plasticidad cerebral y por tanto la adaptabilidad y la no identificación con las propias convicciones y creencias, dotando a la persona de mayor libertad respecto de sí mismo.
